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Amnistía a la amnistía

A la hora de mojarme y hablar sobre la amnistía, no puedo evitar confesar que, en un primer momento, me mostré reticente a la utilización de dicho instrumento para lograr la investidura de un gobierno de izquierdas. No es compatible la cesión constante al independentismo burgués catalán en aras de mantener cierta estabilidad gubernamental con el modelo de república federal que tengo en la cabeza: una república en la que todas las Comunidades Autónomas tienen los mismos derechos, deberes y oportunidades a la hora de desarrollar sus políticas en el marco del Estado español. Es evidente que la situación actual genera un agravio comparativo entre Comunidades, en tanto que estas son de primer o segundo nivel en función del número de diputados que sus partidos regionalistas o nacionalistas tienen en el Congreso de los Diputados. Ahora bien, una vez argumentada mi oposición a la amnistía, he de decir que me parece absurdo pensar que estamos asistiendo a la destrucción del Estado español tal y...

La gran coalición

La gran coalición La gran coalición. Esa panacea tan supuestamente democrática, solución a todos los problemas habidos y por haber en el seno de la gobernabilidad de nuestro país, que ustedes escucharán una y otra vez en tertulias de radio y televisión, leerán en periódicos físicos y digitales, en opiniones publicadas -que no públicas- por todólogos, tertulianos, pseudoperiodistas y demás calaña mediática, así como en la parte de la opinión pública que, por desgracia, es permeable a estas propuestas tan sumamente antidemocráticas e inconsistentes. El elector de izquierdas, en los últimos años, ha sido objeto del odio de la extrema derecha y la derecha extrema por el simple hecho de existir. Ha recibido insultos de todo tipo. Acusaciones de vendepatrias que poco menos le colocaban como destructor de España. Le han equiparado con terroristas. Incluso le han culpabilizado de estar a favor de violadores y pederastas. Quizás me esté quedando corto con los ejemplos, pero pienso que bastan pa...

Votar por ellos

Votar por ellos Mañana, como cada jornada electoral desde que soy mayor de edad, iré al colegio de mi barrio a ejercer mi derecho al voto. Lo haré acompañado de mis padres, de los cuales solo puedo estar agradecido por haberme inculcado los valores que me definen como persona y que, en gran medida, afortunadamente, han influido en mi decisión de voto. No obstante, no solo votaré por mis ideales, creencias y valores. Mi voto no será meramente espiritual, basado en puras convicciones ideológicas intangibles. También será material. Quiero que, gracias a mi voto, vivamos un poco mejor. Votaré por mis intereses de clase y por los intereses de clase de los míos, de mi gente. Muchos de ellos -afortunadamente no todos- han perdido la conciencia. No les culpo de nada, culpo al sistema. Pero, a pesar de esto, mañana también votaré por ellos: Por mis familiares, que se jartan de currar para sacar a sus hijos adelante. Por mis mayores, pensionistas que han levantado ente país con sudor, esfuerzo ...