Votar por ellos
Votar por ellos
Mañana, como cada jornada electoral desde que soy mayor de edad, iré al colegio de mi barrio a ejercer mi derecho al voto. Lo haré acompañado de mis padres, de los cuales solo puedo estar agradecido por haberme inculcado los valores que me definen como persona y que, en gran medida, afortunadamente, han influido en mi decisión de voto.
No obstante, no solo votaré por mis ideales, creencias y valores. Mi voto no será meramente espiritual, basado en puras convicciones ideológicas intangibles. También será material. Quiero que, gracias a mi voto, vivamos un poco mejor. Votaré por mis intereses de clase y por los intereses de clase de los míos, de mi gente. Muchos de ellos -afortunadamente no todos- han perdido la conciencia. No les culpo de nada, culpo al sistema. Pero, a pesar de esto, mañana también votaré por ellos:
Por mis familiares, que se jartan de currar para sacar a sus hijos adelante. Por mis mayores, pensionistas que han levantado ente país con sudor, esfuerzo y mucho sacrificio. Por mis amigos, aquellos que son estudiantes de la pública, que hacen malabares para acudir a la Universidad, que malviven en un piso de alquiler que les cuesta más de trescientos euros al mes. Por mis amigos que están opositando, que necesitan obtener esa plaza tan valiosa por la que llevan luchando tanto tiempo. Gente sencilla, gente obrera, que necesita madrugar cada día para ganarse el pan.
Mañana votaré con ilusión porque creo firmemente en un modelo de sociedad más justo, más beneficioso para ellos, para nosotros. Un modelo plural, el que quepamos todos, en el que podamos vivir bien, sin muchas preocupaciones. Me conformo con un modelo en el que se nos garanticen vivienda y trabajo dignos, en el que nuestras necesidades más primarias estén cubiertas.
Por desgracia, uno de los mayores problemas que trae el capitalismo, en mi humilde opinion, es el desclasamiento. El creerte que estás más cerca de tocar la cima que de precipitarte al suelo. Es lo que nos condena, lo que nos enfrenta entre hermanos, lo que nos hace perder el norte. Un sistema en el que te aseguran que, si pisas al de abajo, si escupes tu odio y tu ira contra él, tendrás más posibilidades de llegar arriba. Pero no podemos caer en la trampa, tenemos que ser conscientes de nuestra situación, ahora más que nunca, unirnos con el que tenemos al lado, remar en un mismo sentido y decir: ahora nos toca a nosotros.
Saber de dónde venimos y a dónde queremos ir. Un propósito a priori tan sencillo y, a la vez, tan dificil de asimilar.
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